viernes, 24 de julio de 2015

AVANCE DE UN INTERESANTE LIBRO II



REINO UNIDO, EL TITIRITERO DEL MUNDO


El siglo xviii fue testigo de las dos revoluciones que cambiaron el destino de la historia, si fue para bien o para mal lo dejaremos al arbitrio del lector. Por nuestra parte diremos lo que debemos decir: existió un quiebre de paradigmas en los flancos económico y cultural que, como tratamos de explicar anteriormente, ya se “veía venir” desde el primer golpe al sistema monárquico inglés propinado por la nueva burguesía puritana.
 El mencionado quiebre brindaría el perfecto colchón sobre el que se recostará el nuevo orden económico mundial: el capitalismo liberal. Así como también el nuevo orden cultural, al que llamaremos mammonismo.


Por un lado, la Revolución Industrial —cuyo comienzo se produce en la segunda mitad del siglo XVIII— causó, a fuerza de carbón, máquinas de coser y jornadas laborales de mujeres y niños sin descanso, la inmediata sobreproducción de manufacturas por parte de Gran Bretaña. Como dice José María Rosa:

“Las máquinas producen por cien, doscientos, quinientos obreros con el trabajo de uno. El costo disminuye, desaparecen los talleres artesanales y empiezan las manifestaciones económicas del gran capitalismo: financiación, concentración del capital, producción standard y barata, comercialización por los mismos industriales. Y también sus resultados sociales: desvalorización del trabajo, rebaja de salarios, empleo de mujeres y niños, horarios de catorce y dieciséis horas, condiciones insalubres de la producción. Capitalismo y proletariado son expresiones antagónicas”.[1]

Entre los múltiples y variados efectos, se desarrolló una producción interna de manufacturas superior al consumo de la totalidad de la isla; situación que “impuso” al imperio la necesidad de salir a buscar mercados en donde poder colocar sus productos y, en simultáneo, garantizarse el abastecimiento de materias primas. En palabras del “joven” William Pitt, entonces primer ministro británico: “Para Inglaterra: defender el comercio o perecer.”
Paralelamente, en 1776, el economista escocés Adam Smith —cuyo monumento se puede apreciar hoy en día en pleno centro de la ciudad de Edimburgo— publica su obra La Riqueza de las Naciones. Por nuestra parte, no podemos dejar de preguntarnos si hubo o no un encargo del Parlamento a Smith, a fin de que este emprendiera la argumentación “técnica” o “filosófica” de la economía de libre mercado, ya que, de hecho, tales posiciones convencieron a quienes todavía se mantenían al margen de la anglofilia.
Europa estaba en ruinas, pero sus teóricos convencidos que la apertura comercial era la base de la riqueza y que cada nación debía cumplir con el papel que Inglaterra le asignaba.
Esta coyuntura, a su vez, sirvió de excusa al Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña (Foreign Office) para dejar  detrás el camino de la invasión y la guerra, propio de la época anterior a Cromwell y comenzar a embarcarse en una nueva empresa colonialista amparada en la imposición del ahora aclamado libre mercado.
 Entre los exponentes más conocidos de esta nueva “filosofía”, encontraremos al empresario de Manchester, Richard Cobden (1804-1865). Cobden fue un férreo opositor al gasto militar que demandaba una guerra; defensor de la “paz”, la “independencia” y el libre mercado e impulsor de la concepción de la América del Sur como “granja” de Inglaterra.[2]
Distintos hechos determinaron los acontecimientos: el alto costo de la guerra, la pérdida de las 13 colonias norteamericanas luego de la batalla de Yorktown (1781) y el Tratado de Alianza y Amistad que Estados Unidos acordó con Francia (1778), inclinaron la balanza hacia un nuevo protocolo de dominación.  De aquí que el aludido José María Rosa afirmara que:

“la Revolución Industrial Inglesa tiene más trascendencia histórica que la contemporánea Revolución Francesa”[3], ella “…dará la característica de la época contemporánea (más, pero mucho más que la revolución política francesa, doctrinaria y superficial)”.[4]

A partir de entonces Inglaterra comenzará a imponer su poderío y dominio a través de los tratados comerciales, el dominio de la banca y la penetración de agentes británicos en las zonas de su interés (Hispanoamérica en general y, en especial, el Virreinato del Río de La Plata); el Reino Unido permitirá que esas comarcas se organicen políticamente, impedirá que las mismas gocen de amplios territorios y promoverá, a través de sus agentes, la implantación del modelo económico de la Escuela de Manchester, a la que le dedicaremos un apartado. Sobre la acción inglesa en el orden diplomático, Raúl Scalabrini Ortiz ha escrito que:

“La diplomacia inglesa es el instrumento ejecutivo que en sus relaciones con el extranjero, tiene la necesidad de expansión y la voluntad de dominio del Imperio de la Gran Bretaña. Donde hay un pequeño interés, presente o futuro, la diplomacia inglesa tiende sus redes invisibles de conocimiento, de sondeo, de preparación o de incautación”.[5]

De ahora en más, el método británico de conquista estará sustentado sobre 8 patas fundamentales:

1.         Divide y reinarás (Divide et Impera). La diplomacia sajona se encargará de apoyar económica y militarmente todo movimiento segregacionista minoritario en América del Sur. 
2.         Las decisiones geopolíticas serán tomadas en ambas cámaras del Parlamento a puerta cerrada y ejecutadas por agentes propios o cipayos corruptos.
3.         A través de la infiltración se buscará el “acuerdo” comercial con tratados bilaterales donde Gran Bretaña saldrá siempre beneficiada por su posición dominante en los mares y su industria. 
4.         Se fomentará el reniego de la Cultura Criolla. A través de los medios de comunicación y de una educación pobre y direccionada, se instigará el odio hacia la eurodescendencia americana, reivindicando subculturas sui generis que tendrán como objetivo la confusión del pueblo y su relativismo axiológico.
5.         La Argentina deberá despreciar su inclinación hacia la grandeza nacional y la restauración del dominio territorial perdido. La confusión impuesta a nuestra gente quitándole la herramienta de la educación, así como su espiritualidad, impedirá que sus dirigentes tomen conciencia de estos planes. Así, odiándose entre ellos por desacuerdos en políticas coyunturales, tendrán cegado su entendimiento hacia las políticas del imperio que nos somete.
6.         El desprecio entre chilenos y argentinos, chilenos y peruanos y/o entre peruanos y bolivianos, etcétera, será instigado y fomentado, dado su imprescindibilidad para los intereses británicos. Sobre esa premisa se sustenta la hegemonía inglesa.
7.         La Nación Hispanoamericana deberá desaparecer.  
8.         El Foreign Office se encargará de mantener a la oligarquía anglófila argentina en el poder a toda costa, esta garantizará la desindustrialización y la agro dependencia. 


Muy cerca de la Revolución Industrial, en Francia, se estaba desatando una revuelta “popular” contra el antiguo régimen absolutista. Como nota de color, diremos que la Revolución Francesa significó el comienzo del establecimiento de lo que dio en llamarse Nuevo Orden Mundial: la cabeza de la pirámide social dejaría de ser la aristocracia[6]  para dejar paso a la burguesía, insertando consigo los nuevos valores sociales y religiosos. El Caballero dejaría de ser considerado un héroe, un hidalgo, un hombre valeroso, honrado y fiel a su rey, para ser tenido por un loco. Un ridículo que pelea contra los molinos de viento, secundado por su escudero: el “gordo” Sancho Panza. Ya no estaremos frente al rey Soberano sino delante de Marianne, una mujer con sus pechos desnudos que viste un gorro frigio, el estandarte de todo pueblo civilizado. En Argentina acogeremos una imagen sorprendentemente similar a la que llamaremos “Efigie de la Libertad”, “Cabeza de la Libertad” o “Dama de la Libertad”; diseñada también por un escultor francés: Eugène-André Oudiné. Lo cierto es que, como inmortalizara el brillante pensador nacional “Pepe” Ingenieros, la Revolución Francesa: “dio libertad política a sus descendientes, mas no supo darles esa libertad moral que es el resorte de la dignidad”.[7]
Con relación al orden financiero, esta “revuelta” de revolución no tuvo absolutamente nada. De hecho, vino a “legalizar” popularmente el sistema librecambista que Inglaterra tanto anhelaba.
El 4 de agosto de 1789, la Asamblea Constituyente francesa proclamó abiertamente la libertad de mercado, los burgueses apátridas que anhelaban la destrucción del sistema monárquico para así convertirse en la nueva clase dominante, festejarán. El fracasado abogado Camilo Desmoulins, por ejemplo, proclamará: “En esta noche histórica han caído todos los privilegios: se ha concedido la libertad de comercio, la industria es libre”.  ¿Era lo único que importaba, verdad?
Francia, el principal enemigo de la corona británica y potencia mundial de entonces, cuya industria había estado por delante de la inglesa en lo que a maquinaria y fábricas respecta, había caído bajo el control de los capitalistas de Manchester; la diplomacia y la infiltración eran el camino idóneo hacia la nueva conquista británica.
“Crear bases marítimas, instigar a unos estados contra otros, mantenerlos en mutuos recelos, impedir la unión de las dos fracciones continentales, la América del Norte y la América del Sur, tal es justamente la obra perniciosa desarrollada por Inglaterra”.[8]


Francisco Hotz “Atando Cabos. Crónica histórica para un argentino despistado”. 2015. En Edición.



[1] José María Rosa Historia Argentina. Tomo II, La Revolución (1806-1812), Oriente, Bs. As. 1981. Pág. 12.
[2] Ver Hirst, Francis Wrigley Free trade and other fundamental doctrines of the Manchester school, set forth in selections from the speeches and writings of its founders and followers. London, New York, Harper & brothers, 1903.
[3] José María Rosa Rivadavia y el Imperialismo Financiero. 1ed., Bs. As. Punto de Encuentro, 2012. Pág. 9.
[4] José María Rosa (1981). Óp. Cit. Pág. 12.
[5] Raúl Scalabrini Ortiz Política Británica en el Río de La Plata.  Lancelot, Bs. As., 2009. Pág. 53.
[6] Interprétnos lector: cuando nos refierimos a “aristocracia” lo hacemos en el sentido etimológico, es decir “gobierno de los mejores”. Condenamos todo sistema monárquico reivindicando a ultranza la meritocracia.
[7] José Ingenieros El Hombre Mediocre.
[8] Raúl Scalabrini Ortíz. Óp. Cit. Pág. 57.

miércoles, 22 de julio de 2015

ISIS, AMIA, MEDIO ORIENTE:JEQUE KARIM ABDUL PAZ


ESCALAFONAMIENTO

Como iniciativa de la Delegación Córdoba de la Agr. Lacebrón Guzmán se ha aprobado el escalafonamiento para los militantes de las agrupaciones de este Colectivo, a efectos de un mejor funcionamiento y trabajo mancomunado

Militar, colaborar y apoyar: distintas formas de ser parte de la causa del Nacionalismo Argentino.

Sabemos que la sociedad argentina necesita un profundo cambio, y desde el Nacionalismo y particularmente desde nuestra Agrupación Nacionalista Lacebrón Guzmán necesitamos la ayuda de todos ustedes, quienes quieran responder al llamado para salvar nuestra Patria.

Para lograr este objetivo y comprendiendo las necesidades de todos aquellos que se nos han acercado, contamos con un escalafonamiento para todos los que quieran ser parte de nuestra causa.

Dentro de nuestra Agrupación organizamos a la gente de acuerdo al grado de compromiso que está dispuesto a adoptar. Esto consta de tres niveles: Militante, Simpatizante y Colaborador.

1)         Militante:
Es la persona que es la encarnación del ideal nacionalista. En todos sus aspectos, personales, en la sociedad, en el trabajo, en las escuelas, en las universidades, en todo momento y circunstancia, es la manifestación viva del ideal Nacionalista. Su disciplina lo destaca, y su compromiso es absoluto. El Militante no solo participa en las militancias y en las actividades de agenda de la Agrupación, sino que también forma los cuadros de la misma, y por lo tanto tendrá la posibilidad de formar los cargos dirigentes. Solo militantes podrán formar los cuadros de la ANLG. Para pertenecer a este escalafón será necesario probar su compromiso total y desinteresado, subordinación a la causa, lealtad y conocimiento doctrinario. El Militante participa mensualmente con un bono contribución, de monto fijado por el Coordinador General. Este bono contribución se suma a la contribución del resto de los militantes dando forma a un fondo común del cual se extrae el dinero para realizar las diferentes militancias.

2)      Simpatizante
Es aquel que no puede, por circunstancias particulares (trabajo, estudio, familia, etc.), comprometerse al 100% con la causa. Este escalafón comprende las actividades de militancia principalmente, y de participación en eventos organizados por la Agrupación. Es aquel que ofrece una mano para trabajar cuando hace falta material humano, repartiendo panfletos, pegando afiches, o de cualquier forma que pueda, de acuerdo a su agenda personal. Como comparte el ideal, es aquel que también ayuda a difundir la causa en su fuero personal, y de la forma que lo crea conveniente, de acuerdo a la ética y moral de la Agrupación. No se le exigirá una cuota al Simpatizante pero se le pedirá una participación económica eventual. El simpatizante, por otro lado, no podrá serlo si participare en otras agrupaciones o movimientos activamente, pues supone que su condición de tal se debe a su incapacidad de comprometerse completamente. La Agrupación no se hará cargo de los actos unilaterales de los Simpatizantes cuando estos no tengan algo que ver directamente con la misma. El simpatizante no forma los cuadros de nuestra organización, y como tal, no representa in se el ideal Nacionalista. Sin embargo, de acuerdo a su nivel de compromiso, lealtad y adoctrinamiento, así como su esfuerzo demostrado, podrá ser propuesto voluntariamente o por asesoramiento de los cuadros dirigentes Jefes, para ser promovido al escalafón de Militantes.

3)      Colaborador:
El colaborador no forma parte de las filas de la ANLG. Es aquel que no puede comprometerse directamente en ningún aspecto, pero que afín a la causa nacional, quiere colaborar de acuerdo a sus posibilidades. Esto puede ser económicamente, con material, contactos, organización de eventos, logística, o como pueda y prefiera hacerlo. A este no se le exigirá ningún tipo de colaboración obligatoria. A su vez, no podrá nunca, si permaneciere en condición de Colaborador, acceder a la condición de Militante. Para ello se organizará una división dentro de la Agrupación en calidad de “Círculo de Amigos y Colaboradores” para la aglomeración de estos. El colaborador podrá permanecer en el anonimato para el público, si así lo prefiriese; sin embargo la Agrupación deberá saber todos los datos que se le solicite, los cuales permanecerán guardados al público.
Esta organización queda establecida dentro de la orgánica de la Agrupación Nacionalista Lacebrón Guzmán. Con ella invitamos a todos los ciudadanos argentinos a participar en nuestras filas, o fuera de ellas, por la causa desinteresada del Nacionalismo.

“No lo dudes más, en el nacionalismo está tu puesto de lucha. Aquí está tu deber, aquí está tu Patria”.

Agrupación Nacionalista Lacebrón Guzmán (ANLG)

martes, 21 de julio de 2015

HILLARY: ABANDERADA DE LA TIRANIA GLOBAL

HILLARY, LA REFORMADORA
 
“Los códigos culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”.
Estas palabras de Hillary Clinton, pronunciadas públicamente y sin tapujos en un simposio pro abortista, han dejado a más de uno con la boca abierta. ¿Reformar coercitivamente las religiones? ¿Dónde queda entonces la libertad religiosa? ¿Modificar las identidades culturales? ¿Dónde queda entonces la libertad, simplemente, de existir? Semejantes intenciones, en boca nada menos que de la principal candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, deberían haber abierto un fuerte debate. No ha sido así. Muy significativamente, los principales medios de comunicación en todo occidente han preferido silenciar el asunto. Revelador.
¿Qué significa eso que ha dicho Hillary Clinton? Uno, que los “códigos culturales profundamente arraigados”, esto es, las identidades culturales tradicionales, son en realidad nidos de “fobias estructurales”, es decir, prejuicios que es justo y razonable eliminar. Dos, que dentro de esas “fobias estructurales” están “los dogmas religiosos tradicionales”. Tres, que los gobiernos, el poder público, están legitimados para utilizar su fuerza coercitiva contra los dogmas religiosos y las identidades culturales. Cuando se repara en que esa fuerza coercitiva es, en plata, el “monopolio legal de la violencia”, uno frunce inevitablemente el ceño en un gesto de preocupación. Cuando además se constata que las “fobias” y los “dogmas” son los principios tradicionales de la civilización occidental, es decir, la filosofía natural (por ejemplo, el derecho a la vida), entonces la preocupación asciende hasta la alarma. Lo que Hillary Clinton ha expresado es un proyecto político totalitario de ingeniería social y cultural. Ni más, ni menos.

Ese proyecto ya está en marcha

¿Sorprendente? En realidad, no tanto. Esos tópicos no son nuevos: circulan en la ideología moderna desde la revolución francesa. Por otro lado, guardan perfecta consonancia con lo que hemos venido viendo en occidente en los últimos veinticinco años, desde la caída del Muro de Berlín en 1989: los programas de ingeniería social de la ONU –con frecuencia avalados por los Estados Unidos-, las políticas abortistas y homosexualistas adoptadas por casi todos los países europeos y el desmantelamiento de las identidades étnicas en el espacio occidental. Hillary Clinton se ha limitado a hacer patente lo que ya estaba latente.
Estas palabras de Hillary Clinton han sido interpretadas en clave estrictamente norteamericana: son un proyecto de ingeniería social –más bien diríamos espiritual- en un país que se precia de haber nacido sobre la base de la libertad religiosa. Es cierto que, en el contexto norteamericano, semejantes ideas no dejan de ser una rectificación de la propia identidad fundacional del país, de manera que es comprensible el estupor de muchos. Sin embargo, los propósitos de Clinton forman parte de los temas habituales de la izquierda yanqui desde 1968. Por así decirlo, lo que hemos visto ahora es su “puesta de largo”, su transformación en programa político sin camuflajes.
Del mismo modo, muchos observadores han visto en estas declaraciones de Hillary Clinton una especie de declaración de guerra contra el cristianismo. Es también una perspectiva correcta, pero incompleta: la guerra no atañe sólo a las religiones tradicionales, sino que se extiende, como dice la propia señora Clinton, a los “códigos culturales arraigados”. Es decir que toda identidad cultural histórica, sean cuales fueren su espacio y naturaleza, deben también ser reformadas coercitivamente por el poder público. No es sólo la religión la que corre peligro; la amenaza se extiende a cualquier rasgo identitario que no encaje con el programa del “tiempo nuevo” marcado por la globalización y su potencia hegemónica, que son los Estados Unidos de América.
¿Y los europeos qué hacemos? En general, seguir la estela. Bien es cierto que el camino presenta complicaciones inesperadas y éstas han tardado poco en surgir. Es francamente difícil mantener la cohesión social en un contexto de desmantelamiento de los “códigos culturales profundamente arraigados”. A este respecto la experiencia francesa es sumamente interesante: desde los años 80, Francia ha vivido un proceso de construcción de una nueva identidad sobre la base de la llamada “identidad republicana” que, en la práctica, ha consistido en la destrucción de los referentes clásicos de la nación y su sustitución por dogmas nuevos. “Francia –decía De Gaulle- es una nación europea de raza blanca y religión cristiana”. Empezó a dejar de serlo muy poco después de la muerte del general. El europeísmo se convirtió en una suerte de cosmopolitismo que veía a Francia como protagonista de un mundo sin fronteras, un mundo en el que la propia Europa no es otra cosa que una región privilegiada en el contexto global. Asimismo, cualquier factor de carácter étnico –racial, cultural, etc.- empezó a ser tabú en provecho de una sociedad de nuevo cuño edificada sobre la afluencia masiva de población extranjera. En cuanto a la religión, iba a ser sistemáticamente postergada en la estela de un laicismo radical que no ha amainado ni siquiera cuando Sarkozy, en San Juan de Letrán, descubrió ante Benedicto XVI los valores del “laicismo positivo”. El resultado ha sido una nación desarticulada en lo político, lo económico y lo social. El discurso oficial sigue caminando hacia el mismo sitio, pero la realidad social ya marcha por otra. El crecimiento del Frente Nacional no es un azar. Los políticos tratan de reaccionar adaptándose al terreno. Lo último fue ver al primer ministro Valls, que el año anterior había abierto institucionalmente el ramadán, reivindicar ahora el carácter inequívocamente cristiano de Francia. Quizá demasiado tarde.
Sea como fuere, lo que ha expuesto la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos es mucho más que una declaración de intenciones: es cabalmente el programa del nuevo orden mundial, que para imponerse sin grandes resistencias necesita, precisamente, derruir los arraigos culturales y las religiones tradicionales. Era inevitable que alguien terminara invocando la fuerza del Estado para ejecutar coercitivamente la operación. Hillary Clinton lo ha hecho. La izquierda europea, muy probablemente, se subirá al carro. Así veremos a nuestra izquierda respaldar la política mundialista en nombre del progreso. Las vueltas que da la vida

 http://www.gaceta.es/noticias/hillary-clinton-delata-agenda-oculta-nuevo-orden-mundial-03052015-1507

domingo, 19 de julio de 2015

EL FRACASO PRO VIDA

...Y NO AL SISTEMA DE DOMINACIÓN...
En este exelente artículo se pone en evidencia la derrota de la táctica de la Iglesia de combatir en la "ultima trinchera", que en la practica es aceptar el Sistema de Dominación cuestionando solamente el enfoque del mismo en el rubro familia y vida, lo cual es imposible por la naturaleza totalitaria del mismo.
 
SE consumó la reformita favorecedora del aborto que impedirá abortar a las menores de edad sin el consentimiento de sus papaítos. Y digo que esta reformita de apariencia restrictiva favorece paradójicamente el aborto por la muy sencilla razón de que refuerza su consideración como acto de mera disposición de la voluntad. Cuando a una menor se le exige el consentimiento de sus papaítos para abortar se está afirmando que, para abortar, basta con tener capacidad legal, como para contraer cualquier obligación o ejercer cualquier derecho de naturaleza civil; y que, alcanzado ese requisito de la edad (o subsanado por el consentimiento paterno), abortar se constituye en un puro acto de la voluntad, como suscribir una póliza o comprarse un automóvil. Que una menor pueda o no abortar con el consentimiento de sus papaítos es un hecho irrelevante que sólo sirve (a modo de macguffin) para distraer la atención de los tontos útiles del hecho sustancial, que es la eliminación de una vida gestante. En realidad, esta reformita es una argucia para contribuir al eclipse de nuestro juicio ético, que es el fundamento sobre el que el Nuevo Orden Mundial sustenta todo su proceso de ingeniería social.
Pero los peperos no hacen sino cumplir con su cometido de obedientes lacayos, según el reparto de funciones que les asigna el Nuevo Orden Mundial. Más interesante es consta tar el fracaso incuestionable del movimiento pro vida, que durante décadas ha pretendido que el aborto no es una cuestión política, esgrimiendo argumentos sentimentaloides y vacuas apelaciones al derecho natural que ya nadie entiende, precisamente porque el orden político vigente se sustenta sobre la abolición del Derecho Natural. Para combatir los presupuestos doctrinales sobre los que se sustenta el aborto hay que propugnar un orden político nuevo, que es lo que el movimiento pro vida no ha sabido hacer, pretendiendo mantenerse en un absurdo (por inexistente) ámbito de «apoliticismo», que a la postre se ha convertido en arrabal de friquismo; pues la dura realidad es que, hoy por hoy, quienes defendemos la vida gestante somos percibidos por el clima de nuestra época como friquis apestosos, amén de inhumanos.
Y es que la defensa de la vida gestante sin la postulación de un orden político que la acoja hospitalariamente resulta ininteligible. Para revolverse contra el aborto hace falta, primeramente, revolverse contra un orden económico que se funda sobre la convicción de que el mejor modo de contar con masas cretinizadas e incapaces de luchar contra unas condiciones laborales oprobiosas es conseguir que esas masas tengan pocos hijos; porque quien no tiene hijos por los que luchar acaba renunciando a la lucha. Para revolverse contra el aborto hay que explicar antes a la gente que el aborto, como todos los derechos de bragueta, son argucias del sistema para conseguir que las injusticias sociales resulten menos oprobiosas. Y que todo el sostén ideológico sobre el que el aborto se sostiene es, en última instancia, consecuencia del concepto liberal de libertad, que exhorta al hombre a deshacerse de todos los impedimentos que dificultan o limitan el proceso de fortalecimiento de su individualidad soberana. A esta idea nuclear se le incorporarían luego aderezos y perifollos como la ideología de género; pero combatir los perifollos sin atacar el núcleo es como arar en el mar.
El combate contra el aborto sólo puede ser eficaz si se inserta en un combate de naturaleza política. Todo lo demás es buscar grotescamente la «añadidura», soslayando la búsqueda primordial del «reino y su justicia». Pero a quien no busca primero el reino y su justicia la añadidura también le será negada.
 
JUAN MANUEL DE PRADA

Véase además: 

LA PREGUNTA DEL MILLÓN

sábado, 18 de julio de 2015

CAMARADAS DE SANTA FE

Centro de Estudios Nacionalista Hnos. Irazusta (C. E. N. I.)  

Es un lugar de encuentro del pensamiento Nacionalista argentino y cuya finalidad es la propagación de sus ideas en el ámbito cultural y político.
Buscamos concientizar sobre el deber ineludible de todo argentino en defensa de la Soberanía Nacional, el patrimonio Espiritual y material de nuestra Nación.
Entendemos al Nacionalismo como una reacción a las perniciosas influencias, tanto internas como externas, que atentan contra la existencia misma de la Patria como Nación Soberana, dueña de su destino histórico y fiel a sus tradiciones fundacionales.Nuestro accionar se inspira en el pensamiento de maestros del Nacionalismo argentino como los hermanos Irazusta, Alberto Ezcurra Medrano, Federico Ibarguren, Leonardo Castellani, Carlos Sacheri, y Jordan Bruno Genta, entre otros.
Realizamos reuniones periódicas sobre temas de actualidad política y de historia nacional e internacional; charlas, presentación de libros, conferencias, actos públicos, etc.
El Nacionalismo, salvo en algunas oportunidades históricas, NO se presenta como una opción partidaria. No tiene relación con partidos políticos pero no elude manifestarse políticamente y hacer política.
Tenemos mucho para decir y hacer. Los invitamos a conocernos